La falta de intervención y de respuestas concretas por parte del gobierno provincial frente al conflicto gremial volvió a dejar en evidencia las dificultades de la Provincia para garantizar previsibilidad, resguardar inversiones y proteger fuentes de trabajo en un contexto económico delicado.

A solo 15 días de su inauguración, el Hard Rock Café de Mar del Plata debió cerrar temporalmente sus puertas tras una serie de protestas sindicales que se desarrollaron en el ingreso al local. La llegada de la reconocida marca internacional había sido celebrada como una señal positiva para la ciudad, especialmente por la creación de alrededor de 80 puestos de trabajo directos en un escenario económico complejo y en plena temporada alta.

El conflicto se originó en una disputa por el encuadre sindical de los trabajadores, una problemática recurrente que volvió a trasladarse al espacio público y terminó afectando de lleno a la actividad comercial. Las manifestaciones impidieron el normal funcionamiento del establecimiento y generaron tensión en una zona clave para el turismo y el consumo, forzando a la empresa a interrumpir su actividad de manera preventiva.

En ese marco, la ausencia de una mediación efectiva por parte del Ejecutivo provincial dejó el conflicto sin un canal institucional claro. Desde sectores empresariales locales advirtieron que este tipo de situaciones no solo perjudican a los inversores, sino que colocan a los propios trabajadores en una situación de vulnerabilidad, sin señales claras de respaldo estatal para sostener el empleo.

El episodio vuelve a reflejar las limitaciones de la gestión bonaerense para ofrecer reglas claras y estabilidad en momentos donde la generación de trabajo debería ser una prioridad. La falta de acción frente a conflictos que paralizan inversiones concretas termina configurando un mensaje poco alentador para quienes evalúan apostar por la Provincia como destino productivo.

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