La desinflación ha perdido credibilidad entre los argentinos. Los datos muestran que seis de cada diez ciudadanos están convencidos de que los precios continuarán escalando, independientemente de los anuncios sobre control inflacionario.
Esta realidad refleja una profunda brecha entre lo que comunican las autoridades económicas y lo que percibe la sociedad. En los últimos tiempos, se han impulsado distintas iniciativas para contener la inflación, pero la ciudadanía no ha incorporado esa información como una certeza de mejoría futura.
La percepción de que seguirá habiendo aumentos de precios es dominante, y esto tiene consecuencias concretas en el comportamiento económico de las familias. Cuando alguien cree que todo subirá, tiende a adelantar decisiones de compra, buscar dólares o ajustar presupuestos de manera más restrictiva.
Este tipo de comportamiento puede actuar como un factor que retroalimenta la inflación misma. Si la gente consume más ahora porque cree que después costará más, genera demanda que presiona los precios hacia arriba.
El fenómeno evidencia también una pérdida de confianza institucional. No se trata solo de economía, sino de legitimidad: cuando la ciudadanía no cree en los anuncios sobre mejoras económicas, cuestiona la efectividad de quienes toman las decisiones.
Para revertir esta situación, cualquier estrategia de estabilización requeriría no solo medidas concretas de control de precios, sino también capacidad de construir credibilidad nuevamente con la población. La experiencia de compra diaria pesa más en la formación de expectativas que cualquier dato macroeconómico.
Imagen: Nathália Rosa / Unsplash – Con informacion de El Cronista






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