El colapso de la demanda pone en jaque a más de 3.000 establecimientos fabriles que podrían cerrar durante este año. La alerta proviene del sector productivo argentino, que observa con preocupación el hundimiento de la actividad manufacturera.
La realidad es cruda: máquinas industriales se venden como chatarra. Esta venta de equipamiento a precio de desecho muestra el nivel de crisis en el que está inmersa la industria. Empresarios se ven obligados a liquidar activos que no pueden mantener operativo, priorizando recibir algo antes que perder todo.
El empleo está en caída libre. Miles de trabajadores pierden sus ingresos a medida que las fábricas cierran. En este escenario, el RIGI promete ser una herramienta de creación de empleos, pero su alcance es limitado. Los nuevos puestos que podría generar este régimen de inversiones no llegan ni a compensar un tercio del desempleo que genera el cierre de industrias.
La insuficiencia es evidente. Si desaparecen miles de empleos en manufactura y solo se crean empleos mediante el RIGI para una pequeña fracción de los afectados, el resultado neto es catastrófico para las comunidades que dependían de la actividad industrial.
Especialistas advierten que sin una recuperación de la demanda interna, el panorama continuará deteriorándose. Los próximos meses mostrarán probablemente un incremento en los cierres de fábricas, agravando la situación laboral en regiones industriales del país. La manufactura argentina enfrenta una encrucijada crítica, con pocas herramientas disponibles en el corto plazo para revertir esta tendencia destructiva que amenaza la estructura económica nacional.
Imagen: Willians Huerta / Pexels – Con informacion de Ámbito






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