La psicóloga, suicidóloga y coordinadora nacional de la Asociación Red Argentina de Suicidología, Andrea Temperini, explicó que las conductas suicidas no pueden atribuirse a un hecho aislado, como una separación, una pérdida o una dificultad económica, sino que responden a una compleja interacción de factores personales, psicológicos, familiares y sociales. En Argentina, las estadísticas oficiales registraron 3.614 muertes por suicidio en 2024, en el marco de una problemática de alcance internacional que afecta a personas de distintas edades y contextos. 

Los especialistas también advierten sobre la influencia que pueden tener el aislamiento, la falta de contención y las experiencias negativas en entornos digitales, especialmente durante la adolescencia. Frente a este escenario, fortalecer los vínculos familiares, escolares y sociales, promover la escucha y garantizar la detección temprana y el acceso a la atención profesional son herramientas fundamentales para la prevención. 

El suicidio constituye un desafío de salud pública que atraviesa países con realidades económicas, políticas y sociales muy diferentes. Aunque su evolución no es uniforme, los organismos internacionales advierten sobre la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención, especialmente entre adolescentes y jóvenes.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa mundial de suicidio disminuyó alrededor de un 35% desde el año 2000. Sin embargo, las Américas registraron un aumento del 17% entre 2000 y 2021, lo que demuestra que la problemática presenta comportamientos diferentes según la región.

En Argentina, las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud registraron 3.614 muertes por suicidio durante 2024, con una tasa de 7,8 cada 100.000 habitantes. Los datos muestran un incremento desde 2022, después de una reducción durante 2020 y 2021. Desde 2022, además, el suicidio figura como la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años.

Una problemática que no puede explicarse por una sola causa

En una entrevista con AIRE de Santa Fe, Andrea Temperini, psicóloga, suicidóloga y coordinadora nacional de la Asociación Red Argentina de Suicidología, explicó que las conductas suicidas responden a una acumulación de factores de vulnerabilidad que pueden desarrollarse a lo largo del tiempo.

La especialista advirtió que no corresponde atribuir automáticamente un suicidio a una separación, una pérdida familiar o una dificultad económica puntual. Estas situaciones pueden intervenir en un proceso de sufrimiento previo, pero no permiten explicar por sí solas lo ocurrido.

“No es lo último. Hay todo un proceso”, señaló Temperini, al remarcar que el suicidio es un fenómeno multicausal en el que pueden intervenir factores psicológicos, familiares, sociales y personales.

Entre los factores de riesgo mencionó el aislamiento, el acoso escolar, el consumo de sustancias y las dificultades económicas. Sin embargo, aclaró que ninguno de ellos constituye, de manera aislada, una explicación suficiente.

Adolescencia, vínculos y entornos digitales

El bienestar emocional de los adolescentes también se encuentra atravesado por transformaciones en las formas de relacionarse. Según datos de UNICEF citados en el documento Salud mental, vínculos y adolescencia en la era digital, el 95% de los chicos argentinos de entre 9 y 17 años tiene celular propio, mientras que uno de cada dos adolescentes reconoce efectos negativos asociados al uso de la tecnología.

La evidencia disponible indica que el uso compulsivo de redes sociales, el ciberacoso, las experiencias de abuso en línea y las alteraciones del sueño pueden asociarse con mayores dificultades de salud mental. No obstante, los especialistas aclaran que el tiempo frente a las pantallas, por sí solo, no permite establecer una relación causal directa con el suicidio.

En este contexto, la familia, la escuela y los grupos de pertenencia adquieren un papel importante como espacios de protección. Contar con personas de confianza, sostener relaciones presenciales y disponer de ámbitos donde expresar el malestar puede contribuir al bienestar emocional.

Escuchar, acompañar y buscar ayuda profesional

Temperini destacó que las señales de sufrimiento pueden manifestarse mediante cambios de conducta, aislamiento, tristeza persistente, modificaciones en las rutinas o dificultades para comunicarse. Estas manifestaciones no significan necesariamente que exista una conducta suicida, pero pueden indicar que una persona necesita acompañamiento.

La especialista recomendó acercarse sin juzgar, escuchar y evitar minimizar los problemas de los demás. También subrayó la importancia de recurrir a profesionales de salud mental cuando la situación lo requiere.

“Todos somos parte de esta problemática y también todos somos parte de la solución”, sostuvo, al destacar que la prevención no depende únicamente del sistema sanitario, sino también de los vínculos cotidianos y de la capacidad de detectar situaciones de sufrimiento.

En Argentina, la Línea Nacional de Salud Mental 0800-999-0091 brinda orientación gratuita durante las 24 horas. Ante una situación de riesgo inmediato, es importante acudir a una guardia hospitalaria o comunicarse con los servicios de emergencia.

La prevención requiere una respuesta sostenida que combine información responsable, detección temprana, acompañamiento familiar y comunitario, y acceso oportuno a la atención profesional. Comprender que no existe una causa única es fundamental para abordar el problema sin simplificaciones ni estigmatización.

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