El fenómeno de El Niño se manifestó en la región con una serie de precipitaciones que llegaron en el momento más oportuno para la actividad agrícola. El trigo, en sus fases finales de desarrollo, recibió el beneficio de una humedad que marca diferencias sustanciales en los rendimientos finales.

Paralelamente, estas lluvias cumplieron un rol fundamental en la recomposición de las reservas de agua del suelo. Una tarea esencial cuando la siembra de soja se encuentra apenas en sus inicios, demandando condiciones hídricas favorables para garantizar una buena implantación.

En Aldao, Santa Fe, los productores reconocieron lo providencial del evento climático. La comparación que hicieron de esta lluvia con un momento deportivo determinante refleja la importancia que tiene para el sector agrícola contar con agua en el instante preciso del ciclo productivo.

El suelo con reservas recompuestas ofrece a la soja una plataforma más sólida para iniciar su desarrollo. La humedad disponible en el perfil terrestre reduce la vulnerabilidad inicial de la planta ante posibles déficits hídricos posteriores, mejorando así sus probabilidades de establecimiento exitoso.

Los ciclos agrícolas y climáticos naturales, como El Niño, mantienen una relación indisoluble con la producción de cultivos. Cuando estas variables se alinean favorablemente, como ha ocurrido en esta campaña santafesina, las perspectivas para ambas cosechas mejoran considerablemente.

El trigo y la soja, dos cultivos de relevancia económica para la región, se ven ambos beneficiados por esta confluencia climática. Los productores proyectan que estas condiciones favorables contribuyan a campañas productivas más sólidas en los próximos meses.

Imagen: Lisá Yakurím / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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